No me imaginé que tras salir de la farmacia y comprar mis preventivas pastillas de carbon reglamentarias, me esperaba el viaje más impactante de mi vida. Egipto guarda secretos milenarios, y sin embargo, por suerte o por desgracia, se deja tocar. Tus dedos pueden surcar el recorrido de unos cinceles de 3500 años sin que ningun policia te lo impida.
El tamaño de la historia te golpea el pecho. Aunque te lo digan, aunque veas fotos, aunque te leas las dimensiones de los monumentos, la gravedad parecerá aferrarse a tu mandíbula cuando estés frente a ellos, y no podrás controlarlo. Nada superará a lo que verán tus ojos y el mareo te sobrevendrá al perder la perspectiva de lo comprensible.
La increible amabilidad y la tolerancia cultural de los egipcios contrasta con su inquebrantable deseo de "one euro" por todo. De repente en tus fotos aparecerá un sonriente e inesperado señor de chilava y turbante que te pedirá un euro por dejarse fotografiar.Déjate sorprender por las formas que tendrán los comerciantes de llamar tu atención. No sé exactamente cómo lo saben, pero al verte te sueltan un "Ven Pantoja, aquí más barato que en Mercadona" y no podrás evitar soltar una carcajada, ya estarás pillado. Los pregones van cambiando, en todos los idiomas, ya me contarás los que te sueltan a ti...El contraste entre el valle fértil y el desierto es abrupto e irracional. También lo es el desierto de los beduinos y el multicolor fondo del mar rojo.
El Cairo no tiene términos medios, o la amas o la odias. Yo he sido de las que la he amado, no me han amedrentado la suciedad, ni la contaminación, ni el trafico imposible (18 millones de habitantes y ni un semáforo ni senda peatonal que se respete, verdad verdadera). Los coloridos velos de las musulmanas, todas sonrientes y alegres, el inquebrantable buen humor de los taxistas, imposible para un occidental que no pida por su espiritu 5 veces al día como ellos en medio de ese transito, los contrastes del bazar Jan el Jalili, donde se mezcla el estilo oriental con el occidental a la hora de establecer el precio (y mucho gracias a Jordi), las mezquitas, las pirámides, hechas para ser vistas pero no creidas, y el fabuloso museo donde sin esperarlo se perdieron los espíritus divinos que buscaron a tutankamón bajo su máscara. Quién puede decir que no ve puesta a prueba su capacidad de asombro en Egipto? Quién puede evitar que todos sus sentidos se despierten y se ericen con el contacto de tantos estímulos? O acaso un zumo de mango en el café Fishawi fumando una shisha de manzana, o una cena en el famoso restaurante Felfela con manjares impensados -donde no entendemos qué le han hecho a la berenjena para que siempre sepa como la comida de los dioses- no son momentos regalados del cielo que todos querrán siempre que se graben en la memoria? Si amigos, el viaje que más me ha impactado. Y eso que he viajado, lo que se dice viajar. Os invito a que vayáis y que me traigáis más misterios y secretos que hagan ya incontenible mis ganas de volver.
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